EL REGRESO DE LA COMPETENCIA

Por: Pablo Ferrero (*)

Hubo un tiempo, y no hace mucho, donde los negocios ya casi no vendían esquíes.

Las carreras, que en un momento fueron lo máximo a lo que un niño hubiera querido aspirar, ya no eran lo de siempre, los tiempos ya no bajaban, era solo cuestión de una extraña mezcla entre clima, concentración, suerte y mucho valor para dominar tablas que superaban los 2,15 metros.

Cosas del pasado en que los esquíes ya no se podían estirar mas, los psicólogos ya no lograban mayor concentración en los corredores, hasta el clima había sido alterado a fin de lograr una paridad en la competencia. Solo restaba la suerte, a la cual pocos factores le quedaban con que divertirse.

De repente… todos tenían, “tenían”, que tener un snowboard, ya nadie quería seguir con lo otro.

Peculiar como nos cambiaría la perspectiva al bajar en una amalgama entre el surf y el skate.

Las cosas con botas blandas serían más fáciles, saltos, trucos, vueltas, acantilados y fun parks dijeron adiós a la técnica, adiós a las diferentes escuelas. Ya todo eso eran solo viejos relatos de personas que hasta habían llegado a usar fijaciones fijas, en esquíes de madera.

1 a 0 partido ganado por la monotabla.

Pero…es gracioso y casi irónico el modo en que ocurre la historia, que hoy nos juega una revancha.

Hola esquíes Carving. Ahora, con ideales de la vuelta perfecta, del radio perfecto, de los movimientos suaves, volvemos a pararnos en la largada.

Los tiempos comenzaron a bajar nuevamente, y así aumentó la velocidad junto a la adrenalina, de vuelta la concentración y bienvenidos los psicólogos.

Parecía ayer cuando corríamos entre puertas de caña. Hoy, a diferencia, las rebatibles nos invitan a cambiar la técnica.

Curiosa forma de simplificarse las cosas, ahora de repente los chicos vuelven a creer en sus viejas aspiraciones de formar parte de equipos de competición, donde las nuevas reglas ponen de manifiesto habilidades ocultas en cada uno, logrando a veces hacer de este deporte algo fuera de lo común.

Cantos afilados al máximo y el inolvidable olor a cera caliente vuelven a llenar de aromas matutinos la antesala de la largada. Termómetros en la nieve y miles de extraños elementos nos anticipan una jornada de alt&iaelementos nos anticipan una jornada de altísimo nivel en las pistas donde la gente se repara detrás de las redes para ver un espectáculo.

Y finalmente, entre ligamentos torcidos y meniscos mordidos por la presión, el dolor se volatiliza donde se entremezclan los dos objetivos máximos de la competencia. Primero es poner lo mejor de uno y ver los resultados. Segundo es la emoción de ir cabeza a cabeza con alguien de similar edad, fuerza, habilidades y experiencia, sabiendo que tan solo por unas pocas décimas de segundo, uno solo ganará.

* Para el Club Universitario de Buenos Aires, Abril 2004.